- Sab Feb 14, 2009 3:53 pm
#118330
Aqui os dejo un nuevo capítulo y el enlace con los anteriores por si quereis leerlo entero. Gracias por vuestra lectura.
Capitulos anteriores
Capitulo 6
Al profesor muerto lo encontró un compañero que se encontraba en el despacho de al lado. Era ya tarde, tanto que le extrañó que alguien más estuviese en el pasillo, ya que él no solía demorar tanto su salida de la Facultad, y por eso la luz que vio por debajo de la puerta le invitó a llamar; y al ver que no contestaba nadie entró descubriendo el cuerpo tendido sobre el examen de Lorenzo. No se supo nunca a ciencia cierta como corrió el rumor acerca del detalle del examen; pero el caso es que en pocos días era vox populi.
-¿Te habrás enterado, no?. Fue lo que preguntó Laura a su prima en cuanto se hizo partícipe de lo que se hablaba por la Universidad.
- Sí, si me he enterado; contestó Silvia con una sequedad defensiva. Pero nada pienso hacer al respecto.
- ¡Ya!. No sabes donde te estás metiendo. Tu sigue viéndole, y veremos como acaba todo.
Silvia que se encontraba sentada en el sofá viendo el televisor, continuó mirándolo sin torcer el cuello, mostrando su total apoyo a su conducta.
- Y hasta serás capaz de enfadarte conmigo, e incluso podrás retirarme la palabra si es necesario; decía Laura con aire resignado y con voz suave. Porque así es el amor, y así será siempre.
Los alumnos de fuera de la ciudad fueron puestos pronto al corriente de todo lo que ya había pasado antes de este incidente. También recibían con expectación las historias de quienes ya le conocían tiempo atrás, los que siendo de la ciudad , solo habían escuchado anécdotas , y se maravillaban de que lo que era una leyenda adolescente local fraguase delante de sus ojos. Lorenzo por su parte permanecía tranquilo. No dudaba de la veracidad de la historia, es más, estaba plenamente convencido de que el examen era el suyo; pero él ,como todas las mañanas; se dirigía a la cafetería de la Facultad, pedía un café con leche, leía el periódico y programaba mentalmente el día, volcado en su carrera.
Silvia sintió la necesidad de llamarlo por teléfono.
- ¿ Como estás?, le preguntó de manera genérica, aunque le pareció que era una alusión expresa al tema. Lorenzo permaneció en silencio, y al poco dijo con una quebrada voz que estremeció a Silvia.
- ¡ Voy a entregarme a la Policía!.
- ¿ ¡Como!?, pero tu no has hecho nada, le dijo ella con gran indignación. Entonces el soltó una tremenda carcajada.
- ¡ Eres un imbécil!, dijó avergonzada por haber caído con tal facilidad.
- Perdona, es que estoy tan acostumbrado que hasta me gusta bromear con el asunto. Por supuesto que no me voy a entregar a la Policía. No hay supuesto en el Código Penal para encerrarme. ¿ Esto te parecerá un poco siniestro?, ¿ no es así?.
- Un poco, sí. La verdad es que es un poco siniestro. Me siento un poco rara hablando del tema. Pero, ¿ tu como te tomas todo lo que dicen de ti?.
- Pues ya simplemente me da igual. Me he acostumbrado a la soledad ,y a encerrarme en los libros, las películas, y todo lo que no necesita de lo demás. Sí te digo la verdad eres la primera chica con la que voy al cine en toda mi vida.
- Pues quiero que sepas que me lo pasé muy bien contigo.
- ¿ Y volverías a ir?.
- Sí, contestó Silvia con total convicción.
- Pues yo tengo que pensar seriamente si quiero que vuelvas a salir conmigo. No es por falsa autocompasión , ni nada de eso, pero no quiero que te pasa nada. Soy una bomba peligrosa, muy peligrosa; y te puede estallar en cualquier momento.
- ¡ Quizás no me importe morir guerreando!.
- Puede que a ti no, pero a mí si.
Y todo esto fue lo que ocupó el pensamiento de Lorenzo durante varios días, y generalmente llegaba a la conclusión de que si realmente la quería quizás fuese mejor no seguir; pero ella le llamaba con regularidad, y despertó en él la profunda esperanza de que quizás todo acabará de la noche a la mañana y pudiera ser feliz junto a ella. Volvieron a salir unas cuantas veces más , y puesto que nada le ocurría a ella continuaron viéndose. Llegó por supuesto el momento de transformar en caricias, lo que comenzó en agradables conversaciones. Hicieron el amor en un hostal, y cuando al día siguiente leyeron en el periódico que ese mismo hostal había sido atracado después de que ellos se marchasen no pudieron contener la risa. Silvia parecía impune a los efectos de Lorenzo, pero su impresionante estela de desgracias continuaba su camino. Durante tres meses seguidos todos lo que se sentaban a su derecha en clase acabaron con una pierna o un brazo roto. Un profesor se volvió tan exigente que suspendió a todos excepto a Lorenzo en un examen, y eso que se presentaron ciento cincuenta personas. El caso es que fueron pasando los años de Universidad, y su relación fue haciéndose fuerte . Se licenciaron ambos, y puesto que la fama de Lorenzo ya había alcanzado proporciones gigantescas, no encontraba trabajo a pesar de su intachable expediente. Optó entonces por hacer una oposición, que aprobó a la primera , y le permitió trabajar en un programa para la conservación de varias especies en vías de extinción. Pero estas especies fueron desapareciendo una tras otra, merced a una inexplicable falta de reproducción de todas aquellas en las que trabajaba directamente. Sus superiores no podían despedirle, pues no encontraban acomodo legal para hacerlo. Sin embargo si era posible ir destinándolo a lugares diferentes; pero sitio al que llegaba, sitio donde se extinguía algún animal. El historial era ya tan inabarcable que se convirtió en una celebridad nacional. A pesar de todo, sus artículos en revistas especializadas le iban dotando de un gran prestigio profesional; pero cada vez más, los municipios a los que era destinado recibían con cierta desazón su visita. En uno de ellos, el Alcalde que hasta entonces era conocido por su inmaculada honradez, dejó sin blanca las arcas municipales; lo que motivó otro de sus innumerables traslados. En otro , una sequía histórica echó a perder las cosechas de toda una comarca. En total fueron diez los traslados que sufrió la pareja en pocos años. Finalmente la suerte parecía haber cambiado de pronto en una pequeña población al norte del país donde durante dos años no sucedió nada, absolutamente nada que fuese achacable al joven biólogo.
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Capitulo 6
Al profesor muerto lo encontró un compañero que se encontraba en el despacho de al lado. Era ya tarde, tanto que le extrañó que alguien más estuviese en el pasillo, ya que él no solía demorar tanto su salida de la Facultad, y por eso la luz que vio por debajo de la puerta le invitó a llamar; y al ver que no contestaba nadie entró descubriendo el cuerpo tendido sobre el examen de Lorenzo. No se supo nunca a ciencia cierta como corrió el rumor acerca del detalle del examen; pero el caso es que en pocos días era vox populi.
-¿Te habrás enterado, no?. Fue lo que preguntó Laura a su prima en cuanto se hizo partícipe de lo que se hablaba por la Universidad.
- Sí, si me he enterado; contestó Silvia con una sequedad defensiva. Pero nada pienso hacer al respecto.
- ¡Ya!. No sabes donde te estás metiendo. Tu sigue viéndole, y veremos como acaba todo.
Silvia que se encontraba sentada en el sofá viendo el televisor, continuó mirándolo sin torcer el cuello, mostrando su total apoyo a su conducta.
- Y hasta serás capaz de enfadarte conmigo, e incluso podrás retirarme la palabra si es necesario; decía Laura con aire resignado y con voz suave. Porque así es el amor, y así será siempre.
Los alumnos de fuera de la ciudad fueron puestos pronto al corriente de todo lo que ya había pasado antes de este incidente. También recibían con expectación las historias de quienes ya le conocían tiempo atrás, los que siendo de la ciudad , solo habían escuchado anécdotas , y se maravillaban de que lo que era una leyenda adolescente local fraguase delante de sus ojos. Lorenzo por su parte permanecía tranquilo. No dudaba de la veracidad de la historia, es más, estaba plenamente convencido de que el examen era el suyo; pero él ,como todas las mañanas; se dirigía a la cafetería de la Facultad, pedía un café con leche, leía el periódico y programaba mentalmente el día, volcado en su carrera.
Silvia sintió la necesidad de llamarlo por teléfono.
- ¿ Como estás?, le preguntó de manera genérica, aunque le pareció que era una alusión expresa al tema. Lorenzo permaneció en silencio, y al poco dijo con una quebrada voz que estremeció a Silvia.
- ¡ Voy a entregarme a la Policía!.
- ¿ ¡Como!?, pero tu no has hecho nada, le dijo ella con gran indignación. Entonces el soltó una tremenda carcajada.
- ¡ Eres un imbécil!, dijó avergonzada por haber caído con tal facilidad.
- Perdona, es que estoy tan acostumbrado que hasta me gusta bromear con el asunto. Por supuesto que no me voy a entregar a la Policía. No hay supuesto en el Código Penal para encerrarme. ¿ Esto te parecerá un poco siniestro?, ¿ no es así?.
- Un poco, sí. La verdad es que es un poco siniestro. Me siento un poco rara hablando del tema. Pero, ¿ tu como te tomas todo lo que dicen de ti?.
- Pues ya simplemente me da igual. Me he acostumbrado a la soledad ,y a encerrarme en los libros, las películas, y todo lo que no necesita de lo demás. Sí te digo la verdad eres la primera chica con la que voy al cine en toda mi vida.
- Pues quiero que sepas que me lo pasé muy bien contigo.
- ¿ Y volverías a ir?.
- Sí, contestó Silvia con total convicción.
- Pues yo tengo que pensar seriamente si quiero que vuelvas a salir conmigo. No es por falsa autocompasión , ni nada de eso, pero no quiero que te pasa nada. Soy una bomba peligrosa, muy peligrosa; y te puede estallar en cualquier momento.
- ¡ Quizás no me importe morir guerreando!.
- Puede que a ti no, pero a mí si.
Y todo esto fue lo que ocupó el pensamiento de Lorenzo durante varios días, y generalmente llegaba a la conclusión de que si realmente la quería quizás fuese mejor no seguir; pero ella le llamaba con regularidad, y despertó en él la profunda esperanza de que quizás todo acabará de la noche a la mañana y pudiera ser feliz junto a ella. Volvieron a salir unas cuantas veces más , y puesto que nada le ocurría a ella continuaron viéndose. Llegó por supuesto el momento de transformar en caricias, lo que comenzó en agradables conversaciones. Hicieron el amor en un hostal, y cuando al día siguiente leyeron en el periódico que ese mismo hostal había sido atracado después de que ellos se marchasen no pudieron contener la risa. Silvia parecía impune a los efectos de Lorenzo, pero su impresionante estela de desgracias continuaba su camino. Durante tres meses seguidos todos lo que se sentaban a su derecha en clase acabaron con una pierna o un brazo roto. Un profesor se volvió tan exigente que suspendió a todos excepto a Lorenzo en un examen, y eso que se presentaron ciento cincuenta personas. El caso es que fueron pasando los años de Universidad, y su relación fue haciéndose fuerte . Se licenciaron ambos, y puesto que la fama de Lorenzo ya había alcanzado proporciones gigantescas, no encontraba trabajo a pesar de su intachable expediente. Optó entonces por hacer una oposición, que aprobó a la primera , y le permitió trabajar en un programa para la conservación de varias especies en vías de extinción. Pero estas especies fueron desapareciendo una tras otra, merced a una inexplicable falta de reproducción de todas aquellas en las que trabajaba directamente. Sus superiores no podían despedirle, pues no encontraban acomodo legal para hacerlo. Sin embargo si era posible ir destinándolo a lugares diferentes; pero sitio al que llegaba, sitio donde se extinguía algún animal. El historial era ya tan inabarcable que se convirtió en una celebridad nacional. A pesar de todo, sus artículos en revistas especializadas le iban dotando de un gran prestigio profesional; pero cada vez más, los municipios a los que era destinado recibían con cierta desazón su visita. En uno de ellos, el Alcalde que hasta entonces era conocido por su inmaculada honradez, dejó sin blanca las arcas municipales; lo que motivó otro de sus innumerables traslados. En otro , una sequía histórica echó a perder las cosechas de toda una comarca. En total fueron diez los traslados que sufrió la pareja en pocos años. Finalmente la suerte parecía haber cambiado de pronto en una pequeña población al norte del país donde durante dos años no sucedió nada, absolutamente nada que fuese achacable al joven biólogo.
